Unas Navidades, de eso hace lustros, encontré una cestita de fieltro que desde entonces siempre estuvo colgada en mi puerta. Algunas veces nos servía para el trasiego de algún presente para las vecinas, que luego me devolvían la cesta vacía. A me hacía ella y nos lo dejaba ahí.
Como era fieltro pegado, al final se despegó y ya sin arreglo...
Sin arreglo, porque no dispongo nunca del pegamento o no me acuerdo de apañarla,
Sin arreglo yo, porque al final acabo complicandome la vida. Aunque me es más fácil un rato en casa entretenida que de búsqueda por comercios buscando algo que me guste.
Al final, me he entretenido haciendo recortables y pasando a máquina, dónde la vieja tiene pegotes de ellos.
Y como lo he hecho sin pensar demasiado, he hecho dos, una de derecha y otra de izquierda, digo, la mirada.

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